Solo. Solo. Solo. Este blog está muy solo.
- Cómo te sentís, blog?
- Solo, che. Solo.
Para achicar su soledad estoy pensando en hacerle una cirugía de cerebro y extraerle el hemisferio de los coments. Para hacerlo autista, y que de ese modo, no sienta su soledad.
- Le parece, Sr Blog? Quiere ser autista?
- Mirá, querido AtomÖ, la solución podrá parecer muy radical, pero creo que será efectiva en un ciento porciento. Consideremos que los que comentan suelen ser medio autistas. Verdad?
- Por qué lo dice, Sr. Otra Cosa?
- Si te fijás, estimado y talentosísimo AtomÖ, todos hablan de si mismos. Nadie habla de la cosa en cuestión. Nadie aporta nuevas ideas. Todos los comentaristas bloggísticos se limitan a devorar lo escrito, digerirlo junto con un Muffin de Aroma, y cagar un coment que, obviamente, cómo es lógico dada la procedencia, es un coment de mierda. Es decir: los comentaristas de blogs son devoradores egoístas, que es parecido a decir que son autistas. Todos bien sabemos, precioso y atractivo AtomÖ, que la comida es más rica en compañía, y que comer solo es un placer autista.
- Bueno, Sr. Blog La Vida es Otra Cosa, lobotomía?
- No, espere, tengamos un poco de esperanza, locuáz y convincente AtomÖ.
- Sr. Blog. Usted me quiere levantar?
- Emmm...
miércoles, marzo 01, 2006
Basta. Basta?
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atomÖ
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6:22 p. m.
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extremidades sin torso
martes, febrero 21, 2006
La única verdad es la realidad.
Así, una vez más, el general demostraba su gran capacidad retórica.
Cual es la realidad de aquel día general? Ese día había cerrado grandes acuerdos con la CGT. Ese día se había comido una pendeja de clase alta, luego de franelearla largo rato. Ese día su pija estaba más grande que nunca. Pero ese día se había dado cuenta de algo muy importante. Fué como un relámpago que luego desapareció. Como si todo el impulso tormentoso hubiese sido reprimido por mil nudos de estómago. Ese día, una nueva certeza atacó fugazmente su conciencia. Preguntóse: "Pero...quién es mi amigo?" y en seguida plumereó cualquier basurita de esas y logró recuperar esa presencia, ese porte de general engominado.
Luego viose en el espejo y descubrió que, por alguna razón, su propia imagen lo irritaba. Pero no se trataba de una mera irritación caprichosa. Era realmente como tomar un papel de lija y darle sin descanso al ánimo. Su corazón estaba al rojo vivo. Su alma olía mal ese día. Parecía haber algo que se negaba a dejarlo en paz. Algo parecido a la culpa, o al remordimiento. La pija se le iba bajando de a poquito.
Miró sus manos. Las miró. Luego miró sus uñas, que siempre debían estar limpias. Cómo el presidente de la nación va a tener roña en las uñas? Y allí descubrió esa pequeña gota negra que revalsó el vaso. Esa herejía bajo la uña. Tenía, ya, la pija por el piso.
No se le ocurrió recurrir a un objeto cortante. Se dijo a si mismo que todo buen justicialista consigue lo que quiere a fuerza de trabajo. Y así fué como comenzó con los golpes. Intercalaba sus muñecas. La derecha golpeaba fuertemente contra el borde del lavabo, para luego dar lugar a la izquierda, que no por estar libre de roña iba a quedar en situación de desigualdad con su compañera del otro extremo.
Los golpes iban abriendo heridas en la piel, que luego se transformaron en heridas en los músculos, y más tarde en ventanas hacia el hueso.
Cuando ambas manos ya pendían solo de los tendones, llamó al pichicho. Éste, como buen cuzquito boludo, lamió los tendones un momento sin reconocer que pertenecían a su amo. Luego los cortó y se retiró arrastrando las manos hasta la cucha.
Satisfecho, el General se desmayó en el piso del baño.
Ahora si. La pija estaba en alto. El general había logrado doblegar a su dos peores enemigos.
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atomÖ
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1:48 p. m.
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extremidades sin torso
viernes, febrero 17, 2006
Una de las cosas que me dejó fué el placer por el lenguage, el amor por las palabras. Pero especialmente por los signos de puntuación. No se si escribo bien, pero mi escritura sirve. Él era el usuario más responsable de nuestro idioma. El más preciso, el más certero usuario de nuestras queridas palabras. El era pensador más organizado, más metódico y económico del mundo. Se murió y me dejó eso, entre muchas otras cosas. Él, pequeño niño, espalda pelada por el sol, ojos llenos de niños, la mujer soñada en sus pupilas. Mi hermoso hermano. Te extraño mucho.
El es
pequeño niño
girasol
sin sol ni tierra.
Cueva
prision del alma
corazón
sin dios
Sabrás
llegar seguro
con tu voz
de mar
El mar
te espera siempre
pelara
tu espalda
Verás
con tus ojitos
de cristal
llenos de niños
el cielo y la mujer
que imaginás
el mundo alrededor
mas alla de la piel.
Las flores
coronas absurdas
No hay rey
no hay primavera.
El sol
te da en la cara
una paz
que duele en carne viva.
tan lleno de versos
quedo tu corazón.
tan llena de voces
quedo mi voz.
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atomÖ
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2:58 p. m.
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extremidades sin torso
Hay mundos de los que uno solo puede ser testigo. hay mundos en los que uno solo puede ser protagonista. Hay mundos que no existen, pero quiero que existan. Hay mundos que existen, pero no quiero que existan. La angustia de la alternativa. La angustia de lo que no porque si. La angustia de todo lo que se pierde al elegir. La angustia de eso que se pierde por dudar, por tardar en elegir. Soy de los que no soportan haberse comido un choripan porque no ha dejado lugar para un pedacito de vacío. Y de los que no soportan el vacío ahí, llenando.
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atomÖ
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1:35 a. m.
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extremidades sin torso
jueves, febrero 16, 2006
Me gusta cuando encallas, porque estás más presente. Me gusta cuando encallas en una saliente de rocosas ideas. Me gusta cuando las rocosas ideas se erosionan y estoy ahí para esperar a que el viento del tiempo las desaparezca. Me gusta cuando encallas, porque estás más presente. Me gusta tu duda, me gusta la duda dura. La firme duda manifiesta. Me gusta cuando encallas, porque estás más presente. Me gustas presente, me gustas cuando no eres más que presencia. Me gustan tus pisadas que dejan huellas profundas. Me gustan tus pisadas destructoras de flores. Me gustan los restos, los pétalos ensangrentados. Me gusta la flor desgarrada, la sangre en la arena que dejan tus pisadas. Rojo arena. Arena roja. Me gusta cuando encallas en un cementerio de flores. Cementerio de flores con personas muertas en pequeños canteros. Me gusta cuando encallas, porque estás más presente.
Me gustas, pensamiento. Me gusta tu cintura, tu curvo laberinto. Me gusta tu rostro seductor eternamente inacabado. Me gusta la mitad de vos que veo en las penumbras. Me gusta la otra mitad que las penumbras ocultan. Me gustas, pensamiento. Me gusta cuando encallas, porque estás más presente.
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atomÖ
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2:39 a. m.
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viernes, febrero 10, 2006
chancletas
tengo chancletas nuevas. cuando las compré pensé que eran de color naranja, pero cada vez las veo mas rosadas. me está quemando la cabeza.
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atomÖ
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12:56 p. m.
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martes, febrero 07, 2006
La vuelta
Que linda vuelta, la síntesis, la conclusión. La experiencia en el valle Traslasierra fue muy rica en muchos aspectos del espectro.
El pueblo Villa Cura Brochero fue nuestro lugar de base. Decir que es hermoso es perderse la mitad de la experiencia. Porque por debajo de todo lo lindo es un pequeño pueblito miserable. Gente quemadísima por el sol, rezándole a la estampita de este cura gaucho que murió de lepra con la nariz hinchada de gusanos. Pueblo cordobés, nada de villa alemana. Nada de esas emulaciones andinas de villas alpinas. Cura Brochero es un pueblito cordobés y cuartetero. La feria artesanal es artesanal solo en un 50 o 60 porciento. El resto es reventa de baratijas. Esa es la belleza despojada de Cura Brochero. Es esa autenticidad de lo que es córdoba. Ya alguna vez tuve la sensación de que Villa Gesell y Villa General Belgrano eran similares. Y se debe a eso: hay como una tendencia a plantar pinos y poner casas con techo a dos aguas. A tal punto que una ciudad de Córdoba puede tener una atmósfera parecida a una de la costa atlántica.
Solo uno de los pueblos del valle Traslasierra, llamado "Nono", sucumbió al contagio de esta "peste alpina". El resto se salvó.
Pero Cura Brochero es un pueblo cordobés. Cordobés y cuartetero. Con bailongo en la plaza central, con pequeños pasteliteros a sueldo de mierda, con toda la miseria y la fuerza de esa gente. Javier, el dueño del camping, un viejo gritón de voz aguda que desde que llegamos hasta que nos fuimos estuvo construyendo un quincho para mejorar su negocio. Levantándose a las 5 y acostándose a la 1 y media. Orgulloso de su hija, la licenciada en turismo. Y su esposa Chichi, la contadora del hogar, cuidando a "el peladito", su nietito de cráneo exagerado. Gladis, la fabricante de alfajores "la nena". Una señora de rasgos comechingones y sonrisa fácil, madre de la nena que le da el nombre a los alfajores, que es ahora una terrible belleza serrana. El pequeño albañil que caminaba bajo el sol de las dos de la tarde por la plaza del pueblo con la pritti-limón fría para el patrón, sin poder abrirla y pegarle un trago merecido. La vieja del supermercadito. Cajera imposible para un super porteño, con un anti-ritmo a prueba de siglos. Los "raros" del toro muerto. Un clan que tuvo la suerte de adueñarse de uno de los lugares más lindos del mundo, y vivirlo en armonía. Gringos de rostro, parcos y amables. Haciendo todo lo posible para entregar una quebrada de ensueño para el porteño con plata. Reclamando, casi con un ladrido, el peso de entrada a la quebrada que les permite mantener las instalaciones. Ya hablaré más y mejor sobre la quebrada del toro muerto. Es un tema que merece un post aparte. Y el amor en la sierra merece otro. Y el asado a la vera del río Panaholma merece otro. Bueno, lindo viaje, linda vuelta. Hola.
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atomÖ
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2:42 p. m.
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sábado, enero 21, 2006
Tetas
Yo entiendo que les resulte insultante. Tratar de objeto a algo que en realidad mas que algo es alguien, puede resultar un poco ofensivo. Pero la mujer, en ciertos casos, es un objeto. Lo digo en el mejor de los sentidos. Es un objeto imaginario. Un numero imaginario. Es una cosa a la que solo accedo de manera simbólica. El número i es un numero que, como no puedo definirlo de otro modo, como solo puedo expresarlo como ese número necesario para que una raíz par me de un resultado negativo, digo i.
Y digo mujer y puedo decir también océano de dudas (propias y de ella) o noche infinita o dinámica en la cual la noche es infinita. Y así me acerco a este objeto de un modo metafórico. También puedo decir teta o culo o curva de la cintura o hermosa sensación que siento cuando su respiración pega en mi hombro y es una forma metonímica de acercarme al objeto. Metáfora y metonimia. Es medio obvio, pero son las herramientas más certeras, no me jodan. Entonces la mujer es un objeto. Un objeto divino, metafórico y metonímico. Digno de la más cruda y bellamente fea poesía. Pero al final no tengo más que eso. Eso es todo lo que sé de la mujer. La mujer para mi es solo la poesía que tengo para conocerladescribirlaentenderla. Y eso es maravilloso. La mujer es un objeto poético, como las grandes cosas que este universo nos muestra y nos oculta en un movimiento mala-buena-onda.
Mañana me voy de vacaciones por 15 días con un objeto poético magnífico. Es ella, mi chispita, con su indescifrable desborde gestual, con sus tetas de niña caprichosa, que se sabe tetona y se hace la niña. En fin. Gracias por ser como son, perfectos objetos de este universo. Gracias por las tetas, perfectas metonimias que me acercan a la verdad de la mujer.
Vuelvo en febrero.
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atomÖ
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2:38 a. m.
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sábado, diciembre 31, 2005
Escalón
Escalón. Cuesta respirar en movimiento. Escalón. Las mujeres y las monedas desordenadas en mi bolsillo. Escalón. Sordos sonidos filtrados por la tela suenan como quejas de mis monedas. Escalón. Sumerjo mi mano en el bolsillo, reconozco la temperatura y la forma de mis bolas. Escalón. Busco, sigo buscando. No está la mujer de mi vida dentro del bolsillo. Escalón. Busco en mi bolsillo que sufre de espasmos. Se abre y se cierra, respira como un anillo rectal en plena actividad. Escalón. Sube mi cabeza. El bolsillo no es tan importante. Comprobé que no está el amor de mi vida dentro del bolsillo. Subo como mi cabeza hasta el cuarto piso. Descanso. Escalón. Mi costumbre de no descansar en los descansos. Escalón. Cansancio. Abandono. Escalón. Mi mano sigue en mi bolsillo, sumergido en eso que llamo mi historia. Escalón. Último, cuarto piso. Aparece el artefacto. Detengome y drogome con broncodilatador. puf! Cuarto piso y bronquios en dilatación. Bien. Ahora si. Ahora bajo, carajo. Ahora cuesta abajo. Cuesta abajo de bronquios abiertos. El universo siempre al revés de mis bronquios.
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atomÖ
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1:24 a. m.
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miércoles, diciembre 28, 2005
El Coso Este.
Ser ya es bastante. Digo, hay cosas que ni siquiera son, así que nada de quejarse. Y esto va para todas esas cosas que se quejan de ser poco. Porque ya el hecho de mostrarse como cosa sin muchos otros aspectos constituye una especie de queja. La cosa que es poco es, a la vez, una enunciación de su despojada situación. Así como el tipo despojado de lo material constituye un enunciado de su situación, y a la vez, un grito de denuncia. Solo por eso: por ser un tipo dueño de pocas cosas.
El Coso Este es. Más allá de eso no se puede decir mucho. Y ahí está la dificultad de mi tarea. Cómo se puede hablar del Coso Este?
Bueno, a ver...
Lo tengo acá (ubicación espacial). Lo tengo ahora (ubicación temporal). Y no me sirve para nada (definición utilitaria). El Coso Este me rompe las pelotas (descripción de los estados sensibles que genera). El Coso Este es Coso ESTE, y no Coso ESE o Coso AQUEL. Es decir que, al menos en mi discurso, no ocupa el lugar del otro. Ocupa el lugar de ESTE. Bien. Vamos avanzando. Pero no alcanza. No alcanza che. Vamos a ver que podemos hacer por el Coso Este en el futuro.
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atomÖ
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1:05 a. m.
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lunes, diciembre 26, 2005
El párpado se cierra por un microsegundo, humedece el globo ocular, y vuelve a abrirse. Mantenimiento. Enjuagadita. Ese ojo no sabe lo que le va a suceder en los próximos instantes. No sabe de resentimiento. No sabe de Niuls ni de Rosario Central. No sabe de la gresca entre su dueño y el leproso borracho. Algo sabe de la borrachera de su dueño. No sabe como se siente la púa penetrando, abriéndose camino. No sabe como es desinflarse cuando el humor acuoso abandona el globo ocular por la pequeña fisura. Solo sabe moverse, mirar esto y aquello. Su existencia de ojo burgués. El oído es más compadrito porque es incapaz de escaparle al estímulo inconveniente. Luego del humor acuoso viene la sangre. De eso este ojo sabe bastante. Ahora sabe todo esto. Y también sabe de gritos y de dolor y de calles oscuras y de hospital público y de paciencia y de debilidad y de inconciencia y de desangrarse y de cerrarse abierto y de no ver más cuando debiera.
Es increíble todo lo que puede aprender un ojo en tan solo una noche. En su última noche como ojo en este mundo.
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atomÖ
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3:43 a. m.
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jueves, diciembre 22, 2005
La Pampa
Hay muchos kilómetros entre aquí y La Pampa. Y lo peor de todo es que ni siquiera tengo algo para hacer por esos lados. Es un lugar en el que el lugar es negocio, es el más grande negocio. La Pampa es un lugar en el que cada esquinita de tierra es aprovechada para poner una semilla. Esa compulsión al relleno es asfixiante. Pensándolo así no me sorprende el hecho de que los habitantes de pequeños pueblos pampeanos tengan esa densidad anímica característica del citadino, del tipo que suda el pavimento en eneros tropicales. Pero es peor. Es una densidad anímica más pesada y con menos vías de escape. Los jóvenes pampeanos se emborrachan como nunca vi en ningún otro lado. Esos pueblos irán desapareciendo con el correr de los años. Los jóvenes, eventuales herederos de la manija, serán deficientes mentales etílicos. Y uno podrá recorrer la provincia encontrándose con pueblos fantasma de seres babeantes y gimientes.
Pero la realidad es que no tengo nada que hacer en la pampa. Es más, no conozco a nadie de allá. Para ser más exacto, no tengo absolutamente nada que ver con esa provincia. Entonces no se para que me gasto en pensar en ella. Es que esa pasada en aquel viaje me quedó rebotando en la cabeza, como rebotan todas las cosas inquietantes e inexplicables de este mundo tan oscuro.
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atomÖ
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12:07 a. m.
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lunes, diciembre 19, 2005
El tiempo para el tiempo / El tiempo por el tiempo.
Esta fórmula, a simple vista aforística, nos sirve para pensar algunos aspectos de las estructuras narrativas y de este otro elemento que muchas veces es puesto en las antípodas para habilitar cierto pensamiento simplificador. Me refiero a este concepto que ha tenido muchos nombres pero todos inexactos, y que yo, haciendo un intento de aproximar el nombre a la idea todo lo que me sea posible, llamo "contenido sensible".
La idea es sencilla. Lo primero que se tiene en el cine es el tiempo. Lo segundo es la decisión de qué hacer con él. Y la primera pregunta surgida frente a esta decisión a tomar es la siguiente: Es importante el tiempo presente, el aquí y ahora, o conviene articular el relato en términos de las relaciones entre los distintos momentos, en función de un final? Es importante darle valor a la experiencia inmediatamente sensible del instante o a las ideas surgidas más allá de la película, en el colectivo de vuelta, en la cabeza, en el terreno de las relaciones? Ambos caminos acarrean problemas y ventajas.
Surgidos de los dos extremos se pueden ver dos tipos de relato muy distintos: uno en el que se impone la descripción y la aleatoriedad de los eventos, y otro que articula los elementos de la historia en función de un último momento, de un climax final y acabado.
Los fundamentalistas del instante rechazan las estructuras narrativas por considerarlas limitantes de la expresión, y los fundamentalistas de la estructura rechazan el instante como valor en sí mismo por considerarlo inevitable creador de un relato inconducente, laberíntico y frustrante. Ambas afirmaciones son ciertas. El espectador pide estructura, intenta sospecharla a pesar de los fracasos. Pero también pide un contenido sensible, que haga que cada momento sea valioso en su unicidad, y se frustra cuando no lo consigue. Entonces la idea sería crear un relato que combine ambas cosas. Un empleo del tiempo que haga uso de esa energía invisible que da la estructura, pero que no se limite a llevar de las narices al espectador hasta el rodante final de títulos, y que entregue una gran colección de momentos valiosos en sí.
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atomÖ
a la/s
10:51 p. m.
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martes, diciembre 13, 2005
lunes, diciembre 12, 2005
A ver si me aclaran un poco la cosa.
Vengo recibiendo coments que me acusan de facho y de homofóbico. Tengo la sensación de que alguien ha utilizado mi nombre, mi usuario, o lo que sea, para comentar en algún otro blog. Les pido encarecidamente el favor de que me señalen donde se encuentran alojados estos comentarios supuestamente míos, con carga homofóbica y/o facha.
Otra cosa que quiero pedir es que si me van a putear o a criticar desarrollen más las ideas. No me claven un "boludo, facho de mierda" porque así no llegamos a ningún lado. No construimos nada con puteadas vacías. Si creen que soy un facho quiero saber por qué lo creen, y quiero tener la chance de discutirlo. ta? Lo pido por favor. Es bastante frustrante encontrarse con discusiones tan truncadas.
Saludos.
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atomÖ
a la/s
2:06 a. m.
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domingo, diciembre 11, 2005
Del concepto de "Picante"
Introducido por Marchelino, mi amigo cordobés; confirmado por otro cordobés muy escuchable; hemos dado nacimiento, o renacimiento, a un nuevo y muy rico concepto. El concepto de "Picante" se puede definir de diversas maneras. Definámoslo, primero, por la negativa.
Ser picante NO es: - Ser un porteño clase media pija fría.
- Tener buenas ideas.
- Ser políticamente correcto.
- Ser elegante.
- Ser intelectual.
- Ser progre.
- Vivir una vida psicoanalizada.
- Ser chorro, asesino, plagiador o cualquier otra de las muchas manifestaciones del despojo de lo ajeno.
- Tenerle miedo a ciertos tipos de humor, o a hacer humor con ciertos temas.
Por la positiva. Ser Picante SI es: - Ser cordobés.
- Llevar las ideas hasta el límite y, por más pobres que sean, exprimirlas al máximo.
- Ser completamente consciente (en la medida de lo posible) del lugar que uno ocupa en esta ridiculez que es el mundo.
- Tener genuino buen gusto, en especial en lo relativo a las relaciones con la gente (lo cual exige honestidad y un casi primitivo ejercicio de la verdad).
- Ser intelectual autoconsciente.
- Dejar el psicoanálisis para la horita semanal, dentro de las cuatro paredes.
- Reconocer invariablemente el lugar, las cosas, la vida, y la propiedad intelectual de los otros.
- Entender el humor como un ejercicio de la lucha contra el miedo al abismo, o mejor dicho, a los abismos.
No se si se entiende bien. pero no me importa, soy picante, me lo dijo un cordoves.
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atomÖ
a la/s
9:01 p. m.
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Regina Spektor
http://www.reginaspektor.com/
Ella y su piano me ponen bien.
El tema "The Flowers" de "Soviet Kitsch" sirve para todo. Para estar contento, para estar triste, para el sexo, para comer, para viajar en tren, todo.
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atomÖ
a la/s
8:57 p. m.
1 extremidades sin torso
miércoles, diciembre 07, 2005
La mala onda es un gran desperdicio de energía. Yo cuando leo un blog que no me resulta interesante me voy y listo. Y no vuelvo más. Cuál es esa onda de comentar criticando todo, sin generar ni siquiera la posibilidad de charlar o de devolver la puteada con altura? Es ese puteo descerebrado, sin argumentos, sin lugar a réplica, lo que me desencanta totalmente. Ese monólogo de energúmeno con ínfulas de picante. Ese progresismo competitivo y culposo. Basta mundo, basta de tanta boludez.
Mono, si sos picante da la cara. Tirá una, al menos una idea propia, así yo te puedo hacer mierda a vos como vos me haces mierda a mi. Pero no, la estupidez es un lugar muy seguro. Y cualquier muñeco con una compu saca el carné de picante.
Mediocre de mierda.
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atomÖ
a la/s
8:58 p. m.
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extremidades sin torso
viernes, diciembre 02, 2005
Las manos de Alf
Me estoy dando cuenta de lo complicada que es la vida con cinco dedos menos.
Bah, en realidad los dedos los tengo, pero tienen vendas tan gordas que parecen las manos de Alf. En definitiva mis manos en este momento solo tienen esa utilidad, imitar al peludo amiguito de Willi Tanner y Benshi Grégori.
Saluditos.
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atomÖ
a la/s
12:19 a. m.
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miércoles, noviembre 30, 2005
Bonzo
La magnitud y lo insólito del suceso me obligan a reabrir este blog. Como introducción me gustaría decir lo siguiente: No podría ser más pelotudo.
Ayer por la tarde, esperando a mi amor, me dedicaba a ordenar la casa. En un momento encontré una pila de papeles, que luego descubrí que eran más que simples papeles. Eran la copia fallida de mi guión. Una impresión de 113 páginas, toda mal hecha. "Las tiro", pensé. "No es destino para semejante obra" seguí pensando "una obra tan excelsa no merece un destino tan ruin". "Hoguera ritual" concluí. Me dirigí hacia la zona de la parrilla, acomodé el pilón de hojas, y encendí el primer fósforo. Una puntita se prendió apenas. Encendí el segundo y sucedió lo mismo. Ya al décimo fósforo inútil fui a buscar la botellita de alcohol. Arrojé un poco sobre las llamas (fue en ese preciso momento donde mi cerebro quedó suspendido dando lugar a un cráneo lleno malteada de chocolate) y las llamas se avivaron. Lugo decidí arrojar un segundo chorro de alcohol que, por supuesto, fue a salpicar sobre mi remera. Era yo, en ese preciso instante, un hombre antorcha. Desesperado comencé a golpearme el pecho, pero la llama alcohólica parece no responder a la falta de oxígeno provocada por los golpes. Luego intenté la conocida solución de arrojarme al piso y ahogar la llama. Siempre me dijeron que esa es la mejor manera de apagarse. Bueno, es mentira. Eso no funciona. Como último recurso opté por quitarme la remera (quizás la primera idea prudente de la tarde). Pero no sería gratuito. Debía tomar la remera encendida calcinando mis manos y luego quitarla por sobre mi cabeza, con el riesgo de encender mi cabellera. Ni lerdo ni perezoso realicé esta valiente acción, despojándome de la candente situación, es decir de la remera.
Una vez más sereno miré mis manos completamente quemadas y mi torso enrojecido (no tan quemado como hubiese esperado). El resultado: algunas quemaduras de segundo grado, nada grave, una suerte de pelo negroide, y un cagaso padre.
Luego llegó mi amor y me dijo "Pero por qué no las tiraste a la basura? Le hubiesen servido a algún cartonero". Y eso fue lo peor: darme cuenta de que el destino más noble para tan nobles hojas hubiese sido el tacho de basura, seguido por el carrito del cartonero, seguido por la transacción en la papelera, seguido por las monedas, seguido por el pucherete de hoy.
Me siento un pelotudo. Un pelotudo quemado. Voy a estar suspirando hasta fin de año.
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atomÖ
a la/s
1:56 p. m.
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extremidades sin torso
